Etiquetas

, , , , , ,

Después de una JMJ impactante y cargada de contenido, los escolanos que viajaron a Río de Janeiro nos dejan su testimonio. Este lo firma Jaime González-Sierra Moreno. ¡Increíble!

IMPRESIONES SOBRE EL EJA Y RIO2013

Ya han pasado unos días desde que llegamos al caluroso aeropuerto de Barajas, pero, sin lugar a dudas, muchas imágenes siguen llegando a nuestros ojos y cabezas de lo que han sido estas dos semanas. Ya desde el día en que aterrizamos en el aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) comenzaron las sorpresas, ya que íbamos con ropa veraniega, pero resulta que estos días han tenido lugar las temperaturas más bajas del año en todo Brasil.
​Realmente, uno de los mejores recuerdos que nos podemos llevar es toda la gente que hemos conocido; polacos, americanos, panameños, y, claro está, brasileños. Todas esas personas con las que hemos convivido merecen una mención especial. Al final de la JMJ hemos reunido una lista de nombres tan larga que llegará la próxima Jornada, definitivamente en Cracovia, y todavía no tendremos a todos en nuestros Facebooks, WhatsApps,… Todos ellos, que han sido personas maravillosas, se han cruzado en nuestros caminos y cada uno ha colocado su granito de arena en nuestro viaje, y, desde luego, que hayan estado con nosotros estos días no ha sido fruto de la casualidad. Una de las cosas que más me llenaron de alegría fue encontrarme con tres caras bastante conocidas en el colegio donde residimos el EJA (Encuentro de Jóvenes Agustinos); tres religiosos agustinos que dirigían dos grupos de Panamá, y que hemos pasado con ellos gran parte del viaje: P. Higinio Barría, Fr. Héctor Paz y P. Alberto. A todos ellos los hemos conocido antes en el monasterio, y el habernos encontrado con ellos fue una muy, pero que muy agradable sorpresa.

​Algo que ha estado muy presente entre nosotros durante el viaje ha sido el hecho de comparar la esta JMJ con la JMJ de Madrid hace ya 2 años. Una de las conclusiones rápidas que sacamos es que en Madrid fuimos como “gente VIP”, porque solo asistíamos a los actos oficiales, no teníamos que buscar sitio para comer, y tampoco teníamos problemas para el transporte; aquí en Río, sin embargo, hemos sido uno más en esa masa tan diferente y a la vez tan igual que el Ayuntamiento de Río contaba cercana a los 3 millones y medio de personas. Algo muy cómico y digno de mencionar es la anécdota que nos ocurrió el día 26, día en que tuvo lugar el Via Crucis en la playa de Copacabana. Ya terminado, el plan para volver al lugar donde dormíamos, la Parroquia Nossa Senhora da Consolação e Correia, era volver en metro. Al rato, encontramos la boca de metro, seguida de una enorme fila de peregrinos hambrientos y deseosos de montar en el metro para poder ir a sus respectivos alojamientos. Empezamos a recorrer la cola: 5 minutos, 10, 20, 30… ya llegó un momento en el que la fila daba la vuelta a la “cuadra”, como dicen en Brasil, así que Chema decidió dar la vuelta y volver por donde habíamos venido. Eso nos dio una idea de la cantidad de peregrinos que estábamos llenando la ciudad de los Cariocas.
​También fue memorable la subida al Corcovado. Realmente tuvimos mucha suerte, ya que “solo” tuvimos que esperar 4 horas para poder ver de cerca el grandioso Cristo Redentor, que luego cuando subimos, resultó ser más pequeño de lo que imaginábamos. Recalco lo de la suerte porque unas chicas de Panamá fueron por su cuenta a verlo, y estuvieron 8 HORAS ESPERANDO, y luego no subieron. Sin duda fue un milagro el poder haber subido. Unas vistas impresionantes, al final un frío impresionante, también es cierto, pero mereció la pena aguantarlo por subir hasta el techo de Río.

​Muchas cosas me llamaron la atención, pero voy a hacer especial mención a la visita a las favelas, ya que hay miles y miles, y es una lástima ver lo bien que se diferenciaba la zona rica de la zona pobre, tan juntas las dos y a la vez tan diferentes. La zona rica, de un color blanco, y la zona de las favelas, que, cada vez que pasabas por aquella zona, por dentro te recorría un sentimiento de respeto y de impresión. En esa visita, haciendo caso al estribillo del himno de la JMJ, fuimos misioneros por una mañana: fuimos a las favelas, visitando a la gente de los hogares y bendijimos sus casas. La gente que nos recibió fue gente muy amable, creyente a más no poder; te invitaban a lo que tenían en sus casas…Sin duda, es una de esas experiencias que consiguen hacerte cambiar la forma en la que ves las cosas.​
Hay muchos detalles que cuando se escriben las crónicas uno no recuerda, pero que luego, con el tiempo, va haciendo memoria y le vienen a la cabeza. Realmente, esto que cuento son mis impresiones, pero unas impresiones “en caliente”, como dice el Padre José María, ya que son muy pocos los días que nos separan de la JMJ y las ideas todavía no están aclaradas, pero algo que he tenido muy claro desde el comienzo de la redacción de la crónica es que ha sido un viaje que ha marcado un antes y un después.
Para terminar, quiero dar las gracias a algunas personas:
En primer lugar, dar gracias a Dios por este viaje que nos ha dado. El hecho de creer en Él nos ha llevado hasta el fin del mundo y nos ha unido un poco más al resto de jóvenes cristianos de todo el mundo. Me gustaría recordar una de las cosas que dijo el Santo Padre en uno de sus discursos durante la JMJ; decía que Cristo nunca nos abandona. Más razón no se puede tener, y es que, de una forma u otra, Cristo nos ha acompañado durante todo este viaje
En segundo lugar, a Chema por brindarnos la oportunidad de poder ir a Brasil. A nadie se le habría ocurrido irse durante sus vacaciones, después de estar todo el curso con nosotros, a Brasil por nuestra cuenta y riesgo; aunque, al final del viaje, el único que se perdió fue él.
También quiero agradecerles a la Comunidad del Monasterio, y en general, a todos los agustinos, la ayuda que nos han proporcionado. Muchas veces no los tenemos muy en cuenta, pero después del EJA, nos hemos dado cuenta de que hacen mucho por los jóvenes. Por ello, muchas gracias.
Nuestros padres también merecen una mención. Muchos habrán estado muy nerviosos al no haber estado con nosotros estos 15 días. Me imagino que en las casas estarían con las preguntas de:” ¿Estará bien el niño?” “¿No estará pasando mucho frío por allí?”. Desde luego que las caras de felicidad que pusieron los padres cuando nos vieron salir por la puerta en el aeropuerto eran dignas de ver.
Por último, pero no menos importante, quiero agradecer a toda la escolanía todo el apoyo que nos habéis estado dando este año para que pudiésemos ir a la Jornada. Ya desde el principio comprasteis de nuestro “merchandising” y nos habéis ayudado en la venta, sobre todo en la boda que tuvimos en Lerma (Burgos). Por eso, os queremos agradecer de todo corazón esto, y también animaros a que vayáis a la próxima JMJ, que esta vez queda más cerca.
Muchas gracias a todas las personas que habéis estado ayudándonos, de todas las maneras posibles; tanto antes como durante el viaje.

Jaime González-Sierra Moreno

Anuncios